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Tantos deseos como tenía
de recibir carta tuya, pues desde que te fuiste no había
recibido una letra, y anoche recibí la tuya, que me ha
causado mucha pena, pues aunque yo haya tratado poco a tu madre,
la apreciaba y he sentido mucho te hayan dado, tan de improviso,
tan triste noticia. Pues ya me figuro el rato tan amargo que has
pasado. Por si desgraciadamente pasaba lo que ha pasado se le
escribió a tu hermano para que, si desgraciadamente ocurría
lo que ha ocurrido, no te lo dijeran a ti directamente, sino que
escribieran aquí; pero se conoce que no ha llegado a tiempo
la carta, que salió en el correo del domingo y se ha cruzado.
Pues, hija mía, nada tengo que decirte, porque tú,
como buena cristiana y temerosa de Dios, sabrás resignarte
con las disposiciones del Señor. Tienes, en medio de tu
pena, un motivo de satisfacción al ver que pocos padres
tendrán la dicha de los tuyos: tener todos sus hijos consagrados
al Señor. ¡Cuánto consuelo recibirá
esa tan buena cristiana madre con los sufragios que recibirá
de sus hijos y cuánto le habrá premiado el Señor
las buenas doctrinas que enseñó a sus hijos! Hija
mía, esto debe servirte de mucho consuelo y, aunque tengas
la pena de no haberla visto en tantos años ya en el cielo
os veréis todos al lado de tan santa madre, que Dios la
tenga en su gloria.
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Ya sabrás por M. Magdalena
te vendrás el día después de la Virgen. Mucho
me alegraré, para que pases a mi lado estos primeros días,
que tan amargos son cuando se pierden personas tan queridas. Recibe
el más cumplido pésame de esta comunidad. Sor Eufemia
te quiere escribir; está malilla. Yo también tengo,
hace dos días, un fuerte dolor de costado.
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Recuerdos a las hermanas. Te
deseo mucha conformidad y que no te abandones en la alimentación;
ya sabes que enfermas, no se vale para nada ni se puede servir
al Señor como se desea. Ya hoy ha ofrecido toda la comunidad
la comunión por la difunta (q.e.p.d.), ya lo sabe mi sobrino
y a don José se le dirá, que es Jueves y vendrá.
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