Fray Pablo, hermano de Sor Juliana, es un lego capuchino, un digno hijo de San Francisco.

Aunque la carta no está dirigida a ninguna hermana, nos parece muy interesante:
Benditos y alabados sean los SS. CC. de Jesús y María.
Antequera, 11 de junio de 1899.
Carísimo hermano Fray Pablo:
Como sé estará con deseos de saber de su hermana Sor Juliana, le escribo para darle noticias, aunque siento no poder dárselas más satisfactorias, como desearla, pues la pobrecita sigue bastante mal y ahora sufre doble más porque de la misma enfermedad del brazo se conoce está interesado el interior y la boca se le ha puesto también muy mal, y la lengua casi en carne viva. Esto le hace a la pobrecita sufrir mucho al tomar los alimentos, que se tiene que procurar todos sean líquidos para poderlos pasar; pero ya se le alimenta bien con huevos batidos, leche, sémola muy clarita en caldo de puchero o solo, que se lo hago yo; a la pobrecita le gusta y es de alimento. También se le hace con harina de arroz y con leche, y, de cuando en cuando, un bizcochito mojado en vino o en leche. Todo esto se lo digo para su tranquilidad de que nada le hace falta a su hermana. Y si es de lo espiritual, gracias a Dios todo lo tiene hecho; porque, como es tan buena, ha querido recibir todos los Sacramentos en su verdadero conocimiento y diariamente dos y tres veces la visitan el confesor y el padre capellán, y tiene mucha alegría y mucha paz en su espíritu, pues bien se lo conocemos todas. He querido hacerle esta explicación de todo porque sé que se ha de alegrar; además le mando esta estampa que dice Sor Juliana quiere que usted la conserve para que la tenga muy presente y la encomiende a Dios. Esta estampa se la mandé yo antes de venir al convento. Tengo muy seguro, y su confesor también, que Sor Juliana irá derecha al cielo; ha sido siempre muy buena. El tiempo que lleva de estar en cama, que es más de un año, ha sido un modelo de prudencia y de una gratitud grandísima por el cuidado que se le tenía. Dice la pobrecita que si fuera posible que su madre viera lo que hacemos con ella cuánta alegría tendría.
No crea, Fray Pablo, que sólo llevo la idea, al decir estas cosas de que S. C. esté tranquilo que se ha hecho cuanto hemos podido, pero no por hacer alarde de lo que se ha hecho, pues es nuestro deber, sino que me parece que sirve de consuelo a la familia; pero el mayor consuelo es que está muy bien preparada su alma; está muy tranquila y contenta de verse rodeada de todas sus hermanas, de la Madre Magdalena y de esta su affma. que ruegue a Dios por todas y por su menor hermana.
SOR CARMEN DEL NIÑO JESÚS.

La Madre se propone llevar un poco de consuelo a la atribulada familia de Sor Juliana y creemos que lo consigue. Y, además, nos presenta a nuestra hermana como la «enferma ideal»: prudente, agradecida, paciente, después de un año en cama, tranquila y contenta de verse rodeada de las hermanas.

Finalmente, nos deja ver los preciosos rasgos de su exquisita feminidad y de su entrañable caridad.
Parece decirnos: así se lleva la cruz de la enfermedad... así se cuida a las hermanas enfermas.
Antes había dicho Francisco: «Y ruego al hermano enfermo que por todo dé gracias al Creador y que desee estar tal como el Señor le quiere.»
También: «Si algún hermano cae enfermo..., los otros le sirvan como querrían ellos ser servidos.... (Cf. I Rg. 10).