SEGUNDA CARTA A SOR PLÁCIDA

Catalana. Profesó el 3 de marzo de 1890 y murió, el 12 de enero de 1931, en el Sanatorio Marítimo, de Barcelona.
Como datos curiosos de su vida podemos recordar lo que ella misma afirmó sobre el impacto que le produjo la figura venerable y el porte señorial de M. Carmen en Tiana, que fue como la chispa que prendió en su alma y despertó su vocación. «En seguida —dice—pensé hacerme religiosa.» Su espíritu Joven no pudo contener la emoción y «aquello que le pasaba dentro» y sintió la necesidad de llamar a sus amigas para mostrarles a Santa Teresa.
La cosa fue madurando. Manifestó a su madre sus deseos y, vencidas las dificultades, ingresó en la Congregación.
Sor Plácida es también quien, por haberse arrodillado en el coro con «el atuendo de limpieza», nos da ocasión para saber con qué respeto y compostura deseaba la Madre que estemos en la Casa del Señor.
Benditos y alabados sean los SS. CC. de Jesús y María.
Antequera, 24 de octubre de 1897.
Mi querida hija Sor Plácida en Jesús y María:
Ya te creerás olvidada de mí. No, hija mía. No te he contestado porque he estado muy mal. Primero tuve un avispero en la mano derecha: después me salieron unos granos de sangre en la cara; que me hizo sufrir mucho todo esto y guardar cama. Y ya que estaba mejor me atacó tan fuerte constipado que he estado más de quince días en cama. Por todo esto no te he escrito antes. Ahora lo hago para decirte que tengas buen ánimo y que estés muy recogidita y aprovechándote mucho en las cosas espirituales; que si Dios quiere, ya profesarás. Está tranquila que, aunque se va retardando, tú profesarás. Las dificultades que tal vez sean causa de que se vaya retardando no son por causa tuya y si por otras, que no dejan de presentarse algunas dificultades; pero esto en nada te perjudica a ti. Tú sólo te has de concretar a irte preparando para ser una buena religiosa y ser muy amante de tu Congregación para que no hagas de Judas, como otras han hecho. Vive muy recogidita para que tengas mucha presencia de Dios. Ten por costumbre repasar varias veces al día tu conciencia, a ver cómo te comportas con Dios, y renueva con frecuencia tus grandes deseos de perfección. Y también acuérdate mucho de rogar a Dios por mí, que mucho lo necesito, porque mi salud está perdida y, por razón natural, la vida que me queda ha de ser corta, y así no te olvides de rogar por mí, que mucho lo agradece tu Madre que te quiere.
SOR CARMEN DEL NIÑO JESÚS.

Esta carta nos demuestra que el estado de salud de la Madre va siendo cada vez peor. Nos confirma su empeño de que las hermanas vivan en tensión de santidad. Ante todo y sobre todo Dios. Para ello quitar obstáculos: purificación y poner los medios: aspiración a sólo Dios, fomentar los deseos de santidad, no a saltos, sino cada día. No es luchar solos, sino con la gracia de Dios, y así perseverancia y aguante en fidelidad hasta morir. Para lograrlo, oración, estar pendientes de Dios.

Esto es ser Franciscanas de los Sagrados Corazones.