|
Somos muchas las que hemos conocido
y convivido con M. Gertrudis y las que algún día
recibimos de ella no una regañeta (que no daba para tanto
el «fogonazo»), sino una exclamación, un gesto
de protesta o un tirón del papel del canto que teníamos
en las manos No nos asustaba demasiado. Sabíamos que aquello
no era nada.
|