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| 28
febrero 2007 |
El
Excmo. Ayuntamiento de Antequera concede a Madre
Carmen del Niño Jesús
la Medalla de Oro de la Ciudad. |
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El 28 de febrero de 2007, Día de Andalucía,
el Excelentísimo Ayuntamiento de Antequera
concede a Madre Carmen del Niño Jesús
y coincidiendo con el Año de su Beatificación,
la máxima distinción de la Ciudad
haciéndole entrega de la Medalla de Oro en
atención a los méritos contraidos,
por la dedicación y entrega a sus semejantes.
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| Madre
Sagrario del Campo, General de las Franciscanas
de los SS. CC., recibe de manos del Alcalde
de Antequera la Medalla de Oro de la Ciudad
concedida a Madre Carmen del Niño
Jesús. |
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Intervención
de la Madre General, Sagrario del Campo, al recibir
la medalla
de Oro de la Ciudad. |
| Me
corresponde hoy, como representante de la Congregación
de Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones,
recibir la Medalla de Oro de la Ciudad que el Excmo.
Ayuntamiento de Antequera concede a nuestra Fundadora,
Venerable Madre Carmen del Niño Jesús,
en el Año de su Beatificación. |
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Al recibir esta distinción, me corresponde
también agradecer al Excmo. Ayuntamiento
el reconocimiento a esta mujer antequerana que,
obedeciendo al impulso divino, se entregó,
en todos los estados de su vida, a los más
desfavorecidos; y, consciente del valor que la educación
tiene para la dignidad del ser humano, inició
su labor educativa con los niños pobres. |
| Dios
le inspiró proyectar el bien más allá
de su vida, y fundó la Congregación
en mayo de 1884. Desde entonces, hace casi 123 años,
está presente aquí la Obra de Madre
Carmen. |
| El
reconocimiento, por parte del Excmo. Ayuntamiento,
del bien que Antequera recibe de esta mujer y su
labor, es una constante en las Crónicas: |
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En
1924, con motivo del 25º aniversario
de su muerte, se acuerda inscribirla
en el libro de oro de la ciudad, dar
su nombre a una calle y costear una
biografía. |
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En
1947, recién incoado el Proceso
de Beatificación, se incluye
el cuadro de Madre Carmen en la Galería
de Hijos Ilustres de Antequera. |
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Dos
años después, en 1949,
se coloca una lápida conmemorativa
en la casa natal, con motivo del 50º
aniversario de su muerte. |
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También
está presente el Ayuntamiento
cuando, en 1964, se celebra la Apertura
del Proceso Apostólico. |
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| La
distinción de hoy culmina una historia de
reconocimiento que, en nombre de la Congregación,
quiero agradecer. |
| Madre
Carmen también lo agradece. Con ella y por
su Obra, el nombre de Antequera es familiar en toda
España y en muchos países de América.
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| Decir
«Madre Carmen» y «Antequera»,
es decir «¡Bendito sea Dios que tanto
nos quiere!» en España, República
Dominicana, Nicaragua, Uruguay, Puerto Rico y Venezuela.
Y, en estos meses, previos a la Beatificación,
decir «Madre Carmen» y «Antequera»
es también decir: «en mayo nos vemos». |
| Gracias,
Sr. Alcalde, gracias al Excmo. Ayuntamiento que
hoy, al conceder la Medalla de Oro de la Ciudad,
reconoce la Obra de Madre Carmen, en vísperas
de la fecha en que la Iglesia reconocerá
solemnemente la santidad de su vida. |
| Muchas
gracias. |
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Madre
Sagrario del Campo
Madre General de las Franciscanas de los SS. CC.
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D. Ricardo
Millán, Alcalde de Antequera, en un momento
de su discurso.
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| Fragmento
del discurso de D. Ricardo Millán, Alcalde
de Antequera, donde se refiere a la figura de Madre
Carmen del Niño Jesús. |
| [
]
Y Medalla de Oro de la Ciudad para la Madre
Carmen del Niño Jesús, que se será
beatificada el próximo mes de mayo en nuestra
ciudad, acontecimiento que aún no alcanzamos
a dimensionar los antequeranos y las antequeranas. |
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Madre Carmen del Niño
Jesús |
| Me
van a permitir que me refiera especialmente a esta
antequerana, fundadora de la Congregación
de Hermanas Terciarias Franciscanas de los Sagrados
Corazones de Jesús y María, allá
por 1884, a los 50 años de edad. Nacida en
el seno de una familia acomodada, cuyo origen se
remontaba a su participación en la conquista
cristiana de Antequera, fue bautizada en la Colegiata
de Santa María, que por aquel entonces se
encontraba bastante deteriorada. |
| Era
una muchacha de profundas convicciones religiosas,
que se casó joven, aun a sabiendas de que
su marido era la antítesis de lo que hubiera
deseado, pues sus defectos y sus vicios eran de
general conocimiento. Durante veinte años
sufrió aquel matrimonio, que poco margen
le dejaba incluso para su fé, pero tres años
antes de enviudar pudo ver realizado uno de sus
sueños, ya que su esposo abandonó
la vida que había llevado hasta entonces. |
| «Como
amó mucho, sufrió y perdonó
mucho»: es lema que sus hermanas de congregación
le dedicaron. A quienes no están próximos
a la vida religiosa les puede parecer que los beatos,
y los santos, han sido personas dedicadas exclusivamente
a la contemplación, y que su preocupación
por el espíritu les ha dejado poco tiempo
para los asuntos que afectaban a sus contemporáneos.
Sin embargo, ejemplos no faltan para sostener la
tesis contraria, y Madre Carmen es uno de ellos. |
| En
una época en la que había grandes
desigualdades sociales, ser pobre era una condena
a perpetuidad y nacer con dinero era una verdadera
bendición. Las instituciones públicas
no eran, ni siquiera, un embrión de lo que
son ahora, y bastante hacían con encargarse
del gobierno general del país. La solidaridad,
pues, dependía de la voluntad de las clases
acomodadas y, en mayor parte, de las actuaciones
de la Iglesia. |
| Madre
Carmen amó, sufrió y perdonó
mucho. Primero, personalmente, con veinte años
de infelicidad junto a su marido. Después,
ya viuda, sufrió junto a quienes más
necesitados estaban, los amó, e incluso llegó
a perdonar a quienes pusieron trabas a su tarea.
Quien no ha sentido el dolor en carne propia, quien
no ha sufrido por sí mismo y por los suyos,
difícilmente podrá llegar al grado
de entrega a los demás que se precisa para
reparar las injusticias. |
| Madre
Carmen entregó toda su fortuna, y su posición
social, para crear una escuela para niñas
pobres, que estuvo situada a escasos metros de aquí,
en su propia casa, en la calle Merecillas. Y después
fundó una congregación que ha extendido
esta obra social por numerosos lugares de todo el
mundo. A causa de ello sufrió la incomprensión,
y el repudio, de su familia y de su entorno. |
| Amar,
sufrir y perdonar son virtudes humanas, y entre
las virtudes incluyo, efectivamente, sufrir, pues
el sufrimiento siempre trae consigo la sabiduría.
Amar, sufrir y perdonar pertenecen a las más
íntimas experiencias de cada ser humano,
no son sentimientos que dependan de compartir una
fe religiosa o una ideología. Son sentimientos
que se comparten por el simple hecho de ser una
buena persona. |
| Así
como la fortuna ha querido que Antequera sea rica
en patrimonio histórico, en monumentos, en
prosperidad y en progreso, ha querido también
que podamos contar entre nuestros tesoros con antequeranos
y antequeranas que han sabido amar, sufrir y perdonar;
que han sabido ser solidarios, en todas las épocas
y en todas las creencias. Son nuestro patrimonio
espiritual, nuestro patrimonio humano, y nos han
enseñado que nada de lo que nos rodea merece
la pena si no se comparte; pero que todas las dificultades
merecen la pena, si ayudamos a los demás
a alcanzar el bienestar que demanda la sociedad
de cada momento. |
| Cuando
Madre Carmen fue bautizada en la Colegiata, sus
sillares se caían. Hoy es uno de los monumentos
mejor conservados de Andalucía y ya no es
un templo, pero sigue siendo parte de cada uno de
nosotros. Como la propia Antequera, la Colegiata
ha recuperado todo su esplendor y los antequeranos
valoran su legado. |
| Al
igual que hemos recuperado el patrimonio histórico,
la beatificación de Madre Carmen supone la
recuperación de una parte de nuestro patrimonio
espiritual. Y al igual que no preguntamos para qué
se construyó la Colegiata, sino qué
significa ahora para la ciudad y para sus gentes,
tampoco preguntamos a quién rezaba esta antequerana,
sino a quién cuidaba y daba consuelo, a quién
atendía y educaba. Porque por encima de las
creencias particulares estarán siempre la
entrega a los demás, la justicia y la solidaridad.
La labor de la Madre Carmen es digna de admiración,
y como alcalde de Antequera expreso públicamente
el reconocimiento del Ayuntamiento a aquella mujer
que amó, sufrió y perdonó. |
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Ricardo
Millán
Alcalde de Antequera
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