[Ver álbum de fotos]
Ver fotografías...
7 marzo 2009
Reflexión en Cuaresma desde la Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción de Palma del Río
¿Cuáles son mis cruces? ¿Qué caras le pongo a mi Cristo? ¿Qué encuentros he tenido con mis cristos rotos en mi familia, en mi trabajo, en mi apostolado cristiano? ¿Dónde está mi Cristo presente? ¿y ausente? ¿Cuál debe ser mi conversión hoy, ahora en Cuaresma? ¿Quién y qué ha sido Cristo en mi vida?
Hoy, día siete de marzo de dos mil nueve, catequistas y miembros de diversos grupos parroquiales, convocados por la Hermana Juanita Rizo Gutiérrez, nos hemos reunido para prepararnos con motivo de la Cuaresma. La jornada de reflexión empezó a las diez de la mañana y ha finalizado a las tres de la tarde tras un almuerzo en comunidad.
La Hermana Juanita, que comenzó con la audición de los textos «Se ha perdido una cruz» y «¿Quién te partió la cara?», nos había preparado un escenario perfecto, en la Ermita de Nuestra Señora de Belén, con toda una simbología de la cruz: un látigo; una lanza; unos clavos; una corona de espinas; palabras como rencor, envidia e injusticia enfrentadas a otras como paz, perdón y amor; y presidiendo un Cristo roto, «Mi Cristo roto por nuestros pecados». Junto a Él hemos orado sobre las caras que le ponemos a Cristo, sobre el amor a la cruz y a la pasión, en Él hemos depositado todo lo que nos preocupa y nos roba la alegría y con Él queremos llevar nuestra cruz, esa cruz que es la de cada uno, para que no sea una cruz vacía y sin sentido sino llena de esperanza: la Cruz de Cristo.
 
Nuestro párroco don David Aguilera nos ha aportado experiencias de fe a través de dos seminaristas que han compartido la mañana con nosotros, nos han hablado de sus vivencias y han pedido nuestra oración por ellos y por las vocaciones sacerdotales.
Para completar nuestra preparación, hemos celebrado el Sacramento de la Reconciliación y para finalizar, don David, guiándonos en la oración, nos ha dirigido unas palabras de aliento llenas de esperanza.
Gracias a nuestro párroco y a la Hermana Juanita por su dedicación y generosidad. Nuestra oración por ellos y por las vocaciones sacerdotales y de vida consagrada.
...
¿Por qué no te dejas ver, Señor?
¿Por qué me condenas a servirte entre tinieblas?
Pareces un Dios ciego, insensible, sordo y mudo.
Te pregunto y no contestas.
Te hablo y no me entero nunca de si me escuchas siquiera.
Protesto y permaneces hermético.
Te suplico de rodillas que me mires, que me enseñes tus ojos, y es en vano. Como si fueras ciego.
Si me miraras una sola vez; si yo lograra ver tus ojos, aunque sólo fuera una fracción de segundo, yo sé que sería ya bueno, bueno de veras, para siempre. Que no podría ser ya malo nunca, nunca...
¿No quieres Tú que yo sea bueno? Pues ¡mírame, Cristo; mírame!.
—Ya te miro —dijo una voz dentro de mí, sin labios ni palabras— . Ya te miro, no aparto mis ojos de tu vida. ¿Qué sería de ti si Yo dejara de mirarte?. Te miro aunque tú no veas que te miro. Te ven mis ojos, aunque tú no veas los míos. Y ése es el mérito de la fe: avanzar hacia Mí de noche, tanteando en las sombras, persiguiendo unas respuestas que no llegan, alargando unas manos frustradas que nunca tocan nada. Adelante, hijo, por la noche de la fe; hasta que un día, en recompensa, veas la Cara de Dios. Esa será la felicidad eterna...
«Mi Cristo roto», Ramón Cue, S.J.