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20 febrero 2008
Presentación de la Reliquia de nuestra Beata Madre Carmen en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Mataró
Día 20 de febrero. El día amaneció lluvioso, pero no nos importó, el agua estaba regando la sedienta naturaleza salida de las manos de su creador, queremos que el verdor de la creación nos recuerde que la vida es fruto de la Providencia de Dios.
A las 9,00 h. de la mañana, los alumnos, padres, profesores, señoras de servicio, familiares de alumnos, hermanas, amigos... ya estábamos en nuestro Salón de Actos.
Todos esperábamos inquietos el momento de la entrada en procesión, de la Reliquia de nuestra querida BEATA MADRE CARMEN.
Llegó el momento y... todos miramos hacia atrás. ¡Ya entra!; ¡Ya viene!
Por un momento se oyó un murmullo en el salón, mezcla de curiosidad, de sorpresa, de ilusión, de fe, de... quizás de deseos de ver algo visible de la santidad de Madre Carmen. Sí, en un trocito de su cuerpo se hace presente en medio de nosotros, y precisamente, en una de las casas que ella pisó, fundó y le dio la vida con su espíritu andariego y misional de su alma grande.
Encabezaba la procesión la Cruz guía, esa cruz de la que Madre Carmen sacaba fuerzas para superar las contrariedades de la vida y de la que decía continuamente que la vida del calvario, de la cruz, es la más segura y provechosa para el alma.
 
Seguían las bandera del colegio: una de la Inmaculada, no podía faltar la Virgen: «Madre mía, hacedme amad a Jesús», y la otra, la de la Beatificación; después el estandarte del Sagrado Corazón, ese corazón a quien Madre Carmen miraba tanto y del que sacaba la fuerza para conformar su vida a la del Evangelio y como sabemos, esta devoción al Sagrado Corazón la llevó al amor a la Cruz y a la Eucaristía y la dispuso a manifestar a los hombres el amor que Dios les tiene.
Le seguían 14 acólitos portando entre sus manos velas encendidas, sus luces nos anunciaban la claridad y el esplendor de una vida santa, que iluminó a cuantos se acercaron a ella. Ella fue luz para la noche de muchos pobres, de muchos enfermos, de muchos ancianos, de muchos niños, de muchos jóvenes... ¡de muchos!
Terminaba la procesión con la RELIQUIA DE LA BEATA MADRE CARMEN, portada por el sacerdote y perfumada por el olor del incienso, olor que llegaba hasta las alturas celestiales implorando de nuestro Señor para cada uno de nosotros: la fe, el amor y la fortaleza de esta gran santa porque muchas veces somos dubitativos, egoístas y débiles.
Pudimos desglosar algunas de las virtudes más destacadas de Madre Carmen, simbolizadas por un pañuelo de color, los colores del arco iris que llevaron siete alumnos de Educación Infantil acompañado cada uno por otro de los mayores, de 4.º de la ESO; un pensamiento de la Madre resaltaba cada virtud:
Pobreza, Comprensión, Sacrificio, Perdón, Humildad, Entrega, Paciencia
Rezamos el Padrenuestro y tras el envío para guardar con fe y devoción nuestra reliquia, volvimos a nuestra capillita con ella para ser venerada por todos los asistentes, ya en silencio y en oración. En filas y con un gran orden, la besamos todos.
Fue una gran experiencia. Un gran día. Ya tenemos entre nosotros a nuestra Beata Madre Carmen, en una de sus casas fundada por ella misma.
Una vez más, podemos decir con el corazón en la mano y convencidos
¡Bendito sea Dios que tanto nos quiere!