|
Era el domingo de cuaresma en el que en toda
la Iglesia leíamos el anuncio del Evangelio
de la Misericordia de Dios Padre, es decir, de
la parábola del hijo pródigo o del
Padre bueno, como lo llaman algunos escrituristas.
Nosotras, un grupo de 9 hermanas, del Niño
Dios, Sagrado Corazón de Jesús de
Mataró y de la Cuna del NIño Jesús
como los discípulos, nos dividimos en tres
grupos para anunciar la noticia de la Beatificación
de Madre Carmen en tres pueblos de Cataluña
en los que nuestras hermanas, hace ya algunos
años, sembraron el amor y la alegria de
la fe en muchos niños y niñas, los
que hoy son hombres y mujeres que guardan en sus
corazones recuerdos inolvidables de nuestras hermanas.
Como hijas pródigas volvimos a Miralcamp,
Torregrosa y Vilanova de Bellpuig. Allí
fuímos recibidas con los brazos abierto.
Cuando les dijimos quiénes éramos,
los abrazos, los besos, los recuerdos se multiplican,
las lágrimas afloraron en sus rostros:
se identificaban como: «el carpintero de
la
hermanas», «la pianista», la
mujer que les ayudaba a..., la sobrina de Sor...
«el que les regalaba la fruta...»
Fue una experiencia única.
Cuando nos encontramos para comer, nuestras emociones
fueron brotando como cuando los discípulo
contaban al Señor todo lo que habían
hecho en su nombre.
Ojalá que todo lo que, pobremente volvimos
a sembrar en estos pueblos, sepa el Señor
recogerlo y poner de nuevo el nombre de Nuestra
Madre en el corazón de tanta gente sencilla
y abiertas a su Palabra.
¡Bendito sea Dios
que tanto nos quiere.
Del resto de las casas de
Cataluña no pudieron acompañarnos
porque ese día lo tenían complicado,
pero estuvieron apoyándonos con su oración.
|